El Administrador en el órgano de gobierno

El cargo de Administrador de una comunidad de propietarios requiere dedicación, implicación, buena disposición para el trabajo y facilidad de comunicación.

Con frecuencia, el funcionamiento de una comunidad de propietarios se torna tedioso y lento, porque requiere del correcto engranaje de sus órganos de gobierno. Y la mejor forma de lubricar este procedimiento es la disposición del Administrador.

Por supuesto, no es su cometido la adopción de acuerdos y la toma de decisiones unilateral, pero si debe tener agilidad para dotar a la comunidad de la flexibilidad que requiere. Además, se le presuponen los conocimientos y medios para ello, porque ya se establece como requisito legal ser ‘personas físicas con cualificación profesional suficiente y legalmente reconocida para ejercer dichas funciones‘.

El nombramiento del Administrador, salvo que los estatutos de la comunidad establezcan plazo distinto, se hace por períodos de un año. Período que no siempre es suficiente para acometer determinadas acciones, pero sí para demostrar su disposición, conocimiento y agilidad.

El Administrador, como cualquier otro profesional, debe cumplir con sus obligaciones, y responder de sus actos. Si es así, estará siempre dispuesto a mejorar en la prestación de sus servicios, defendiendo siempre los intereses de la comunidad y sus comuneros. Si no es así, no dudes en buscar alternativas, tienes derecho a exigir un servicio profesional, en beneficio de tu inmueble.

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